El agua patrimonio de vida

Aquí encontrará una invitación a descubrir la cualidad consustancial del agua que habita en su organismo, “el agua que usted es”, y que mediante el diálogo físico y sistémico con el entorno va y viene de un estado a otro, de una naturaleza a otra. No podemos olvidar que detrás de nuestros nombres, según la ciencia, habita un ser perteneciente al linaje homo sapiens, nacido del intercambio con la biosfera y con el cosmos. Un cambalache biológico y afectivo que hace posible la vida en un espacio-tiempo determinado: el hoy heredado, la presunción del hoy que ya se está yendo y que, para vivirlo con consciencia y gratitud, debemos procurar un equilibrio vital entre lo que hacemos, sentimos y pensamos como naturaleza propia en el mundo.

En estos textos y propuestas hay lugar para reflexionar sobre el sentido profundo y místico del agua desde una perspectiva histórica, de ahí su reflejo en expresiones fundamentales para el ser humano, en su cualidad trascendente, como la espiritualidad y el arte. También para que el agua se ponga en pie y, encarnada en la voz crítica de los autores, nos hable de su drama en manos del desarrollismo moderno, de la codicia que alimenta a la estirpe humana en su carrera hacia un antropocentrismo omnipotente y destructivo; también del agua en su cualidad de derecho universal para todos los seres de la Tierra (nada es el ser humano en soledad mirándose el ombligo, sin la bombilla que le encienden sus congéneres), incluida su relación con los seres de los otros reinos (mineral, vegetal, animal) en un sentido solidario de la supervivencia. Estamos de paso desde un continuo diálogo en compañía, somos una porción del Todo que lucha por la consciencia pero que, quizá, hayamos perdido en el camino a los dioses, a los límites, a la belleza, a nosotros mismos.

También en ese alzarse, en esa revelación del agua en estas páginas, hay lugar para la esperanza que la contiene. Solo con verla fluir tras la lluvia, por la calles, bajo la tierra, en nubes y mares, desmelenada y pacífica en su peinar territorio, se cae en la cuenta de que ella misma, al llamar la atención sobre su cuidado, lo hace por la necesidad de respeto a nosotros mismos; y, con esa llamada ética, nos pide velar por la firme arquitectura hexagonal de sus puentes de hidrógeno, por su armonía, por una nueva cultura de la vida misma.

 

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