La tendencia a un aumento continuado de la superficie de regadío en España obedece a varias razones, pero sin duda una de las más poderosas es la significativa diferencia en rentabilidad entre el secano y el regadío, verdadero motor de transformación agrícola, especialmente en los territorios con menores precipitaciones como el tercio sur peninsular. En estos ámbitos, las diferencias en rentabilidad entre secano y regadío se disparan. Desde la perspectiva de buena parte del sector agrario la conversión al regadío es la única posibilidad de garantizar una renovación generacional en el sector, ya que es lo que hace al sector rentable.

Por otra parte, la rentabilidad y otros aspectos socioeconómicos esenciales de los sistemas agrarios no son independientes del sistema agroalimentario industrial, que actualmente los gobiernan, imponiendo sistemas de precios y otros condicionantes, dada la debilidad del agricultor en la cadena alimentaria. Como se ha señalado desde visiones como la Soberanía Alimentaria y se viene recogiendo en las Jornadas de Debate sobre Nueva Cultura del Agua y regadíos que organiza la FNCA junto a otras entidades, este sistema agroalimentario industrial, de cuyo engranaje el regadío constituye un componente fundamental, representa un modelo productivista que agrava la situación de las comunidades rurales y de los ecosistemas que las sustentan y en el que otros modelos agrarios no productivistas o que no pivoten en torno al regadío tienen menores posibilidades de supervivencia.

En cualquier caso, el regadío que se podría considerar sostenible en cada territorio no depende de un único factor limitante. El primero y más obvio es la cantidad de agua disponible, pero existen  también otros factores limitantes que apuntan a la existencia de una cierta "capacidad de carga" de un territorio en relación con el regadío máximo sostenible, como los impactos  derivados de la ocupación del territorio, los impactos ambientales generados por el regadío y otros factores de carácter socio-económico.