¿Cómo abordar un proyecto de restauración fluvial?

Existen diversos tipos de acciones que podemos realizar para favorecer la restauración o rehabilitación de tramos fluviales:

  1. Recuperar el Territorio Fluvial o parte del mismo. Es decir, recuperar espacio para el río. En este tipo de actuaciones debemos apoyarnos en las fotografías y datos históricos. En los trabajos de Ureña y Ollero (2000) y Ollero (2007) se describen algunas metodologías para calcular el Territorio
  2. Instaurar un régimen ambiental de caudales. Esta medida será imprescindible en cualquier proyecto de restauración fluvial e idónea cuando se trate de rehabilitar o mejorar ríos regulados o que sufran algún tipo de alteración de su régimen natural de caudales.
  3. Eliminación de barreras y limitaciones al desbordamiento. Tanto las barreras transversales en el cauce, que interrumpen la continuidad en el eje del cauce, como aquellas que impiden la conectividad del río con sus llanuras de inundación deben ser un objetivo básico en un proyecto de restauración.
  4. Establecimiento de bandas protectoras del cuace (buffer-strips). Consiste en establecer bandas de vegetación de ribera en los bordes de los cauces cuya principales funciones son retener nutrientes y otras sustancias procedentes de terrenos agrícolas o de escorrentías de infraestructuras (actuando como filtros verdes de depuración) y retener sedimentos.
  5. Plantaciones de ribera. Aunque en un proyecto “ideal” de verdadera restauración fluvial debería ser el río el que de forma natural reestableciera las comunidades vegetales, como ya se ha argumentado en esta guía es posible acudir a las plantaciones para acelerar estos procesos o favorecerlos. Deben elegirse muy bien las especies y las formas de plantación, así como destinarse recursos suficientes a un mantenimiento prolongado que garantice el éxito de las mismas.
  6. Rehabilitación de tramos urbanos. En estos casos, aunque hayamos renunciado a muchos de los objetivos de una verdadera restauración, es posible conseguir mejoras en los procesos y funciones naturales de los ecosistemas. Por ejemplo, facilitando que exista diversidad de micro-hábitats y zonas de refugio para diferentes especies de invertebrados o peces. Igualmente, potenciando la vegetación de las márgenes y el uso de especies autóctonas que imiten en la mayor medida posible la comunidad vegetal que existiría en el estado natural, etc.
  7. Mejora de tramos canalizados. Estas operaciones de “maquillaje en verde” de estructuras altamente impactantes puede obtener importantes mejoras en la biodiversidad que alberguen estos tramos y en la propia calidad de las aguas. Las siguientes fotografías ilustran una intervención de rehabilitación en un tramo urbano en Villarrubia (Córdoba). En este caso se optó por un encauzamiento en blando, con técnicas de bioingeniería, como alternativa a una canalización de hormigón inicialmente prevista (Fotografía Mediodes)

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Cuestiones previas

Antes de abordar la redacción de un proyecto debemos considerar la participación, como un elemento fundamental en todo el proceso. Es importante que las actuaciones que se lleven a cabo tengan el máximo consenso social y si es posible, que cuenten con un apoyo mayoritario y firme de la población local. De esta forma, no sólo generaremos un mejor proyecto, sino que además estaremos incrementando las garantías de éxito del mismo a todos los niveles.

Por tanto, la participación debe partir desde el inicio de la idea de abordar un proyecto de restauración, con la pregunta ¿Qué río queremos?, y debe tener continuidad en las distintas fases de redacción, ejecución, mantenimiento y seguimiento del proyecto.

Cabe señalar que lo ideal seria plantear procesos de restauración, con cierta duración en el tiempo, en los que se vayan realizando intervenciones concretas (proyectos), estableciendo las prioridades temporales necesarias (atendiendo a los condicionantes técnicos y sociales). De esta manera es más fácil abordar tanto los procesos de participación y educación y sensibilización de la población, como en sí las modificaciones oportunas que los sucesivos proyectos requieran a partir de la respuesta que el río vaya dando a nuestras primeras actuaciones. Esto es importante, ya que no podemos olvidar que el río es un elemento dinámico del territorio y sobre el que siempre existirá cierto grado de incertidumbre. Es evidente que el planteamiento de un proceso de restauración fluvial en una cuenca solo podrá producirse cuando exista una fuerte y clara demanda social y una voluntad firme por parte de las administraciones, principalmente la responsable de la gestión de la cuenca.

Los proyectos

En la redacción de proyectos de restauración o rehabilitación de ríos deberemos considerar las siguientes etapas:

  1. Selección del tramo y ámbito concreto de la actuación.
  2. Realizar un diagnóstico previo, tanto técnico como socioeconómico, de forma que evaluemos la problemática en el tramo, las potencialidades y el estado de opinión y conflicto social que pueda existir en torno al estado actual o futuro del tramo.
  3. Establecer los objetivos de la restauración o mejora ambiental. El proceso de participación debe apoyarse en el diagnóstico previo y es recomendable que en él participen los técnicos redactores del mismo, asesorando de forma directa.
  4. Establecer una imagen objetivo. ¿Qué río queremos?. Lo habitual es trabajar en proyectos de restauración que no puedan recuperar el estado natural ideal del cauce, por lo que tener clara la situación concreta a la que se pretende llegar es importante, pues es la que va a configurar las bases del proyecto.
  5. Redacción de la memoria técnica del proyecto. Es importante resaltar aquí que deberá prestarse especial atención al apartado sobre el mantenimiento y seguimiento de las actuaciones. Desafortunadamente muchos proyectos han destinado la mayor parte de los recursos a las actuaciones diversas y muy poco a las posteriores tareas de mantenimiento y seguimiento. Estos proyectos suelen fracasar o carecen de continuidad.
  6. Obtener el mayor consenso posible antes del inicio de la ejecución, pudiéndose abordar mejoras o modificaciones en el proyecto inicial.
  7. Ejecución del proyecto. Con frecuencia, a las grandes licitaciones acuden empresas fuertes poco especializadas y sensibles con los verdaderos objetivos de la restauración. Es importante que la administración de esfuerce por fragmentar en lo posible los proyectos y dar acceso a las empresas especialistas. Por otro lado, es fundamental que la dirección de obra se ejerza de forma rigurosa, para que los proyectos finales no difieran en demasía de lo que existía en el papel o de la imagen objetivo que se había establecido con todo el trabajo y el proceso de participación inicial.
  8. Mantenimiento y seguimiento. Como ya se ha comentado, esta fase del proyecto es de suma importancia y debe tener asignados recursos presupuestarios suficientes. En un proceso de restauración el seguimiento es una herramienta básica para reorientar futuros proyectos y actuaciones, e incluso para plantear acciones que contribuyan a paliar efectos no previstos de nuestro proyecto inicial.

En 2007, el entonces Ministerio de Medio Ambiente publicó una Guía metodológica para la elaboración de proyectos de restauración fluvial que explica detalladamente cómo abordar un proyecto de restauración fluvial.