Una estrategia que pretenda reducir significativamente los daños por inundaciones ha de centrarse en medidas de prevención, que son las que presentan una mayor eficacia y además una mejor relación coste-efectividad. Se trata de priorizar las medidas de ordenación territorial y urbana para garantizar el máximo respeto a las zonas inundables. Además, se ha de gestionar el territorio fluvial, implantar medidas naturales de retención de agua, que incrementan la retención de agua y suelo y reducen el riesgo de inundaciones, impulsar los sistemas urbanos de drenaje sostenible, actuar en las construcciones ya existentes en los espacios de alto riesgo y fortalecer las capacidades sociales y la percepción del riesgo a través de una estrategia de comunicación social.

Con el fin de valorar en qué medida estos ejes de acción se recogen en los planes de gestión del riesgo de inundaciones (PGRI), la Fundación Nueva Cultura del Agua ha elaborado un conjunto de observaciones sobre los PGRI del segundo ciclo en contestación a la consulta pública promovida por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. El análisis realizado permite apreciar avances significativos con respecto a los PGRI del primer ciclo, especialmente en relación con una mayor coordinación entre los PGRI y los planes hidrológicos de cuenca, una mayor presencia de las soluciones basadas en la naturaleza y mejoras generales del conocimiento disponible y su accesibilidad. No obstante, siguen existiendo carencias importantes en la coordinación entre administraciones para garantizar una plena adaptación del planeamiento urbanístico y territorial a los PGRI y a la cartografía de zonas inundables. Otra carencia significativa es la escasa atención prestada a otras medidas clave, como la comunicación social en materia de percepción y gestión del riesgo, la evaluación de las medidas aplicadas y las lecciones aprendidas en eventos de inundación.