Este documento presenta una valoración general de las realizadas, por la Fundación Nueva Cultura del Agua, sobre los nuevos planes hidrológicos del tercer ciclo. Nuestros análisis señalan algunos avances, como la reducción de obras hidráulicas, pese a mantenerse  algunos proyectos sin viabilidad económica ni justificación ambiental o social. También se avanza con la fijación de caudales ecológicos mínimos en casi todas las masas fluviales, pero estos avances no ocultan una preocupante continuidad con los planes anteriores porque se siguen supeditando los objetivos ambientales a la satisfacción de las demandas y, de hecho, pese a la reducción de recursos por el cambio climático muchas demarcaciones prevén ampliaciones de regadíos. Apenas se avanza en caudales de crecida y tasas de cambio, imprescindibles para el buen estado de los ríos  y en materia de restauración fluvial se aprecian avances desiguales. El empeoramiento de las aguas subterráneas y de la contaminación difusa no encuentra respuestas eficaces en los nuevos planes y finalmente la recuperación de costes y la gobernanza son dos asignaturas que no se quieren aprobar.

 

Este es un artículo incluido en el Informe OPPA 2022: https://bit.ly/InformeOPPA22 

El análisis de las respuestas de los organismos de cuenca a algunas de las observaciones y alegaciones presentadas a los planes hidrológicos del tercer ciclo, especialmente por parte de las entidades ambientales, revela que la gran mayoría de las alegaciones son rechazadas, lo que apunta a una efectividad muy baja del proceso de participación, en términos de su grado de influencia en los documentos finales del plan. Esta baja efectividad, que genera una elevada frustración entre quienes participan, cabe atribuirla al escaso margen de maniobra para incorporar cambios en la fase de borrador del plan, al escepticismo existente en muchos organismos de cuenca en torno a los beneficios de la participación ciudadana, la cual es considerada un mero trámite y a las limitaciones del modelo de participación implantado, más próximo a una mera consulta convencional que a una verdadera participación deliberativa. Es necesario un cambio sustancial en la forma de concebir la participación para evitar la creciente desafección de los ciudadanos y para desplegar todo el potencial de beneficios de una participación real.