Texto: Plataforma en Defensa de l’Ebre
El Plan Hidrológico Nacional (PHN) que se aprobó en el año 2000 tenía previsto un trasvase del río Ebro de 1.080 hm3/año hacia la costa mediterránea (por el norte hasta Barcelona y por el sur hasta Almería) para atender la creciente demanda de agua del regadío intensivo y el proyectado desarrollo inmobiliario de toda la zona. Las afectaciones ambientales, sociales y económicas que suponía este trasvase generaron una fuerte oposición ciudadana, especialmente en las Terres de l’Ebre y el Pirineo aragonés (como zonas más afectadas), con el apoyo de la comunidad científica.
Esta fuerte oposición ciudadana hizo que en 2004 el macroproyecto de gran trasvase fuera derogado, pero no se derogaron las más de ochocientas obras recogidas en el anexo II del PHN. Muchas de ellas siguen alimentando una expectativa insostenible de nuevos regadíos similar a la del PHN. En particular en la cuenca del Ebro, más de 300.000 nuevas hectáreas, que demandarían dos veces los caudales del derogado trasvase del Ebro.
Por eso, aunque la derogación de los grandes trasvases proyectados fue un éxito, entendemos que la Nueva Cultura del Agua no se está aplicando y sigue imperando la vieja cultura del consumo insostenible, siendo como es el agua un recurso finito.