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Las propuestas de planes hidrológicos del tercer ciclo presentan algunos avances, como una notable reducción en este ejercicio de planificación de la lista de proyectos hidráulicos de gran impacto ambiental y social o la fijación de caudales ecológicos mínimos en casi todas las masas fluviales. Sin embargo, estos avances no ocultan una preocupante continuidad con los planes anteriores en la gran mayoría de temas clave y que cabe resumir en que se siguen supeditando los objetivos ambientales a la satisfacción de las demandas y se mantienen las expectativas de los usuarios respecto al mantenimiento del statu quo.

Todo esto y más se desprende del análisis que hemos realizado, disponible en: https://bit.ly/3KAwZq5 

Bajo la hipótesis subyacente de no tocar los usos existentes, no se reducen las demandas hídricas para avanzar en la necesaria adaptación al cambio climático e incluso en algunas demarcaciones dichas demandas, particularmente las agrarias, se incrementan. Cabe destacar  las 49.500 nuevas hectáreas de regadío en la demarcación del Ebro, la transformación a regadío de 15.000 hectáreas en Tierra de Barros (Guadiana), la expansión de regadíos en las cabeceras del Turia y Mijares (Júcar), la consolidación de regadíos irregulares en la cuenca del Segura y la propuesta presentada recientemente por PP, Ciudadanos y Vox para legalizar 1.460 ha de regadíos declarados ilegales en el Plan de Regadíos de la Corona Forestal de Doñana.

Apenas se producen avances en materia de caudales de crecida y tasas de cambio, imprescindibles para mejorar el estado de los ríos y para conservar su biodiversidad y no se adoptan medidas contundentes para atajar el mal estado de las aguas subterráneas, que sigue empeorando. La contaminación difusa, mayoritariamente de origen agrario, sigue sin encontrar una respuesta creíble en los nuevos planes. Pese a situaciones tan graves como la eutrofización de la laguna del Mar Menor por la entrada masiva de nutrientes agrarios, los nuevos planes, más allá de diagnosticar el problema, se muestran indolentes para atajar dicha contaminación con medidas dirigidas a los sectores responsables, principalmente el regadío y la ganadería intensiva.

Si bien se reduce notablemente la lista de obras hidráulicas previstas sin racionalidad económica, social y ambiental, persisten algunas sin justificació alguna y para las que existen mejores alternativas, como es el caso del trasvase reversible Ebro-Besaya y el Bitrasvase Ebro-Besaya-Pas (Cantábrico Occidental), la culminación del  recrecimiento de Yesa, el embalse de Almudévar y el embalse de Mularroya (Ebro), los embalses de La Rial y de Los Morales (Duero), la presa de Montesa (Júcar), el embalse del Agrio, la propuesta de trasvase a este ámbito desde las cuencas del Guadiana y Tinto, Odiel y Piedras y la conducción Castril-Baza (Guadalquivir) o la presa de Alcolea (Tinto, Odiel y Piedras).

La prioridad de la satisfacción de las demandas sobre el buen estado de las masas y ecosistemas asociados se apoya también en la inadecuada recuperación de costes y en las carencias de gobernanza, limitaciones ambas que parecen activamente mantenidas. Las distintas exenciones en la recuperación de costes a los beneficiarios de embalses y otros proyectos hidráulicos, la renuncia a la recuperación de los costes ambientales, pese a los veinte años transcurridos tras la aplicación de la DMA y las grandes carencias en gobernanza del agua, caracterizada por la descoordinación entre administraciones y entre políticas sectoriales, por los insuficientes mecanismos de control, inspección y sanción de los incumplimientos ambientales y en materia de aguas y por una participación pública considerada por los organismos de cuenca como de puro trámite, muestran una situación institucional incapacitada para evolucionar y adaptarse a los retos actuales, mayoritariamente anclada en objetivos y formas de intervención crecientemente desacopladas de la realidad y retos actuales.

En definitiva, si los planes se consolidan en su versión actual, no parece que vayan a servir para devolver a los ríos y resto de ecosistemas del agua el buen estado que nunca debieron perder. Tampoco servirán para facilitar la necesaria transición hídrica en España, con el fin de adaptarnos a la gravedad que las consecuencias del cambio climático están teniendo y seguirán teniendo sobre los recursos hídricos, sobre la posibilidad de satisfacción de las demandas de agua (y sus costes) y sobre los ecosistemas y sistemas socioeconómicos.