La FNCA defiende en Bruselas que el problema no son las directivas ambientales, sino su insuficiente aplicación
Participamos en Bruselas en el Diálogo de Implementación convocado por la Comisión Europea sobre la aplicación de la Directiva Marco del Agua, la Directiva de Nitratos, la Directiva de Aves y la Directiva de Hábitats y sus implicaciones en el ámbito agrario, trasladando un mensaje claro: las dificultades del sector agrario no derivan de estas normas, sino de problemas estructurales del modelo agroalimentario.
Desde la FNCA defendimos que la intensificación productiva, la concentración de tierras y la competencia basada exclusivamente en costes —agravadas por una distribución desigual de las ayudas de la PAC y por el acceso desigual a recursos clave como el agua— están en la raíz tanto de los problemas económicos del sector como del deterioro ambiental. Rebajar la ambición de las directivas no resolvería estos desafíos.
Recordamos que los déficits de aplicación tienen consecuencias sociales y económicas concretas: en España, en 2024, más de 257.000 personas carecieron de agua potable en sus hogares por exceso de nitratos, según datos oficiales. También subrayamos los elevados costes de la inacción, tanto públicos (tratamientos de agua, costes sanitarios) como privados, como demuestra el caso del Mar Menor, donde el colapso ecológico ha tenido impactos millonarios en otros sectores económicos.
Nuestra posición fue clara:
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Es necesario cerrar las brechas de implementación y garantizar recursos y coordinación administrativa.
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Aplicar plenamente principios como la recuperación de costes y “quien contamina paga” generaría condiciones de competencia más justas.
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Proteger ecosistemas no es un obstáculo para la agricultura, sino una condición para su viabilidad a largo plazo.
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La estabilidad regulatoria favorece la innovación y la inversión; la desregulación genera incertidumbre y penaliza a quienes producen de forma responsable.
También pusimos ejemplos concretos —como Doñana, la Albufera de Valencia o el Mar Menor— donde una aplicación efectiva de las directivas está impulsando innovación técnica y social hacia una transición hídrica en el sector agrario.
El mensaje final fue inequívoco: Europa no necesita rebajar sus normas ambientales, sino cerrar las brechas de implementación, garantizar coherencia entre políticas agrarias y ambientales y apoyar decididamente a quienes producen cuidando el territorio.
